Medios de comunicación: Revisando el concepto de ‘masivo’

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En 1948 la Sociología denominaba a la audiencia ‘masa’, tomando a los consumidores como cantidades ingentes de personas que, expuestas a estímulos de los medios, eran totalmente manipulables. En 1992 Paul Lazarsfeld y Robert K. Merton se encargaron de negar esta teoría afirmando que los efectos de los medios son limitados y que los espectadores u oyentes no son manipulables y escogen lo que quieren consumir.

A la televisión, el cine, la radio y la prensa se sumaron con los años internet y las redes sociales. La definición de ‘medios masivos’ se dotaba así de matices. Acceder a toda la información y el entretenimiento desde múltiples dispositivos conectados entre sí, y hacerlo en el momento y lugar que deseamos es ya una realidad más que instalada socialmente.

El público actual tiene poco tiempo y una atención muy escasa y fragmentada. Lejos de ser manipulable, está bien informado y consume contenidos de pequeño formato (snack content) cuando quiere y donde decide. No hay más que ver la tendencia de los medios de incluir streaming y podcasts en diferido en su programación (para que el usuario los consuma a su antojo) y el tremendo éxito que tienen las series, con capítulos de entre 20 y 50 minutos con tramas completas en cada uno, como si fueran pequeñas películas.

En ese contexto España es el segundo país de Europa en tiempo de visionado de televisión por detrás de Italia. Según los datos de IHS Technology, pasa 234 minutos de media al día ante la pequeña pantalla.

Y los servicios de contenido bajo demanda no dejan de crecer. El 47% de los españoles - según informa Nielsen- prefiere consumir contenido de esta manera. Movistar+, por ejemplo, ha pasado de 650.000 suscriptores a 3,8 millones en el último año. No hay números concretos de los suscriptores de Netflix en España, pero pronto se enfrentarán ambos a la oferta de contenidos de Amazon Prime Video, HBO y Sky. Las dos primeras desembarcarán en nuestro país en otoño y la tercera se prevé que a finales de año.

A la disponibilidad de casi cualquier contenido sin depender de horarios, hay que sumarle la actividad de las redes sociales, cuyos números también crecen de forma constante. Los usuarios no actúan sólo como creadores de contenido orgánico (fotos, vídeos), sino también como participantes de la opinión pública alrededor de los temas de interés. Dejan atrás un rol pasivo para saltar al primer plano: ahora lo que piensan es más visible que nunca. Las redes sociales se convierten en foros de discusión y lugares en los que las relaciones entre protagonistas de los medios (periodistas, actores, presentadores, locutores…) y los usuarios son más directas. Los ‘influencers’, que antes provenían únicamente de la TV o del cine, ahora también salen de YouTube o Instagram.

El peso de los contenidos y su consumo se reparte hoy entre todos los medios que, al igual que los usuarios, están permanentemente conectados. Siguen siendo masivos pero están fragmentados. El primetime se diluye porque al otro lado cada vez hay menos personas esperando en el sofá a que a lleguen las diez de la noche para ver la película del día. Y porque esos medios se han multiplicado, y hoy son entre sí competencia que puja por repartirse el escaso tiempo del usuario infoxicado e hiperconectado. El que decide con su consumo la parrilla y programación.

Medio personal pero de alcance masivo. ¿Los renombramos?


Foto | Antonio Tajuelo

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