Los Médici del Siglo XXI

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Si tuviera que elegir una marca que cambia de actividad o que diversifica su negocio, la primera que me viene a la cabeza es Amazon. Casi como si se tratase de Mortadelo, adopta diferentes personalidades –sin los estrepitosos fracasos del agente de la TIA–, a veces totalmente dispares. En el último año hemos visto cómo ha vendido coches; se ha aliado con inmobiliarias para vender viviendas; con productoras para generar contenido; ha abierto librerías físicas y ahora su próximo objetivo es convertirse en un banco.

Su estrategia, según el diario económico Expansión gira en torno a 3 pilares: pagos, depósitos y préstamos. Así, Amazon Cash ofrecerá de forma gratuita el depósito de dinero en una cuenta digital en tiendas minoristas mediante un código de barras, mientras que Amazon Lending ofrece, mediante acuerdos con entidades financieras, préstamos a pymes.

Una estrategia que se construye, según explica el diario Expansión, en torno a 3 pilares: pagos, depósitos y préstamos. Dentro del primero, los pagos, encontramos dos servicios, Amazon Pay, nacido en 2007 y que ya acumula 33 millones de clientes y está presente en 170 países.

Sin embargo, Amazon no es la única compañía que mira con ojos tiernos a los pagos, ya que las operadoras telefónicas se han embarcado en el Carrier Billing. Este término hace alusión a una nueva forma de pago en la que se usa el teléfono móvil. El cliente no tiene que ofrecer datos bancarios, simplemente introduce el número de teléfono y el coste del producto o servicio se carga en la factura telefónica.

En nuestro país, Movistar y Vodafone ya ofrecen estos servicios a sus clientes. Las previsiones son más que positivas; de hecho, Juniper Research prevé que en 2022 este mercado facture 9.000 millones de dólares.

Por último, me gustaría hablar de la PSD2 (Payment Service Directive 2), la nueva regulación europea que estandariza y mejora la eficiencia de pago en toda la industria de la tecnología financiera en Europa. Entre las novedades de esta normativa destaca que el consumidor puede autorizar al comercio, sin necesidad de intermediarios, a ejecutar pagos en su nombre. Es decir, posibilita el acceso a terceros a información que originalmente era de las entidades bancarias. ¡Bienvenidos banqueros del Siglo XXI!