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Seguro que tú también has tarareado la canción del Cola Cao al empezar este post. Son miles los jingles que inundaron radios y televisiones como la chica nueva de Farala; el adorado –y posteriormente cansino– Edu de Airtel; el Repetimos de Danone; el emotivo –y aún vigente– Vuelve de El Almendro o las gambas y los chopitos de la ONCE.

Poco a poco, la cultura audivisual se impuso y la imagen adquirió un mayor protagonismo, incluso eclipsando al audio y relegándolo a un segundo plano. ¡Cuántos videos se han diseñado para ser escuchados sin audio en las Redes Sociales! Pero… las modas vuelven. Es el momento de desempolvar los pantalones de campana y el audio, que es el nuevo negro.

Leía con sorpresa hace unos días que los internautas han creado una petición en change.org, plataforma que usa Internet para reinvindicar el cambio social, para que Snapchat restableciera el diseño original de la aplicación y cancele la última actualización. Los usuarios se quejan de que los últimos cambios, entre los que se encuentra la nueva interfaz de contenido, que separa las actualización de contenido multimedia y las de amigos. También se quejan del carácter infantil que ha adquirido esta nueva versión.

 

Bisbal, Chenoa, Bustamante o Rosa de España ya son personas (y personajes) del imaginario colectivo. Todos (bueno, no todos vale, pero sí muchos), lloramos/lloraron cuando Rosa no ganó Eurovisión o cuando Chenoa salió en chándal a la calle con el corazón roto. Hace 16 años que Operación Triunfo irrumpió en el hogar de los españoles mediante la Televisión y han hecho falta muchas ediciones, sin pena ni gloria, para que vuelva a convertirse en un fenómeno de masas.

 

Más allá de la selección de concursantes, de sus prodigiosas voces o naturalidad en la Academia, en lo que sí estamos de acuerdo es que este programa ha supuesto un revulsivo en la audiencia y una poderosa lección para las cadenas: la audiencia ya no es cuestión de share en la noche de la emisión, sino que hay que dar, además, la nota en redes.

¿Qué ha pasado para que una app como Vine, que tuvo tanto éxito, acabe olvidada? La app de vídeos cortos de Twitter cerró el pasado 18 de enero y desde entonces es Vine Camera, una app para grabar vídeos de unos seis segundos que pueden compartirse en Twitter y otras redes sociales o guardarse directamente en el móvil.

La verdad es que me apetecía escribir sobre este tema. Y más al hilo de lo que salía hace poco en prensa relativo a Instagram. Al parecer, quiere normalizar el uso de la etiqueta ‘Paid partnership with’ en publicaciones publicitarias para así no inducir a error y que el usuario no confunda contenido patrocinado con contenido orgánico. Ésta es de las últimas noticias que he visto sobre el tema del marketing de influencers, pero la verdad es que estamos más que acostumbrados a hablar y leer sobre él. Son muchas las preguntas que plantea este tipo de marketing y nadie como una agencia de medios puede resolver. En MediaCom me han puesto a prueba con estas preguntas que suelen ser recurrentes. ¿Empezamos? Vamos allá:

¿Recordáis a Matilda? El año pasado nos enseñó a derrotar al monstruo de las toallitas con una papelera para ahorrar agua y cuidar el medio ambiente. Y este año ha vuelto para darnos consejos de ahorro de agua en casa. La campaña que Canal de Isabel II lanzó el año pasado tuvo mucho éxito y repercusión en redes sociales. El objetivo era concienciar tanto a niños como a adultos mediante un código sencillo: a través de dibujos de animación. Pero Matilda no ha sido la única protagonista animada, ni mucho menos, en una campaña publicitaria. Son muchas las marcas que deciden usar este recurso para impactar a su audiencia.

Alcanzar al usuario de manera significativa es todo un reto. Su atención, cada vez más escasa, se fragmenta entre múltiples canales para llegar hasta ellos y los dispositivos desde los que se conectan. Estos no hacen más que aumentar, y en 2021 habrá 28.000 millones de dispositivos conectados, según el último Ericsson Mobility Report. Un contenido potente en los medios adecuados pasa por ser una de las soluciones a esta atención tan efímera.

En 2016, más de 3.700 millones de personas hicieron uso de Internet. De ellas, alrededor de 2.800 millones fueron usuarios activos de redes sociales. En esta era que nos toca vivir, el compartir, consumir y crear contenido es un comportamiento que tenemos totalmente interiorizado. En un espacio digital en el que el contenido creado por el usuario compite con el de las marcas, acostumbradas, hasta hace no tanto, a ser prácticamente la única voz en Comunicación. 

De acuerdo con el reciente informe de Interacción 2017 de GroupM, aproximadamente el 32% de los internautas en todo el mundo han instalado ad blockers. Los PC gamers pudieron ser los primeros en subirse al carro, pero las fuentes indican que uno de cada cuatro usuarios de smartphones también los utilizan.

Publicidad nativa. Formato no intrusivo, amable y cercano, que favorece captar la atención de un consumidor que recibe al día miles de estímulos no siempre deseados allá donde va. Pero es publicidad, aunque afecte mínimamente a la navegación en un site, de un consumidor que cada vez está menos dispuesto a recibir publicidad al uso, especialmente en su móvil, y que demanda interfaces más limpias. No hay más que ver lo que están haciendo plataformas como Facebook y Google en sus páginas en móvil, aplicando diseños más limpios que minimizan la presencia del display. Y precisamente por este cambio puede ser una magnífica aliada que haga incluso innecesarios los adblockers. Precisamente, en este ámbito –el mobile– es donde la publicidad nativa puede tener mayor recorrido a lo largo de este año porque, al revés que el display, evita los clics por error.