Reflexionando sobre los Juegos Olímpicos de Invierno

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Hace unos días media España colapsó con el temporal de nieve: atascos, cadenas, máquinas quitanieves... Pero los amantes del esquí, entre los que me incluyo, a cada copo que caía pensábamos en una próxima escapada para disfrutar bajando las pistas blancas.

Al pensar en la nieve es inevitable asociarlo con los Juegos Olímpicos de Invierno, que justo finalizaron ayer. Y ha sido el único acontecimiento deportivo de este año; no podemos olvidar el Mundial de Fútbol en Rusia este verano, cuyos derechos fueron finalmente adquiridos por Mediaset. Una apuesta financiera elevada del grupo, que distribuirá los partidos entre Telecinco y Cuatro.

Dos acontecimientos que impulsarán la inversión publicitaria este año y, que desde nuestra filosofía, suponen dos contenidos de interés, que permiten crear conexiones de calidad con el público.

Por un lado, Los Juegos de Invierno son para un público reducido –no todo el mundo sigue los partidos de curling, por ejemplo– pero fiel, que siente que las marcas que están presentes –vía anuncio o, mejor aún, en formato de patrocinio– les comprenden. O lo que traducido a nuestro idioma: genera engagement y fidelización.

Por otro lado, si tuviésemos que elegir un deporte con conexión emocional, sin duda, sería el fútbol. Levanta pasiones, es capaz de poner de buen humor a todo un país y de llenar las calles para recibir a nuestros futbolistas.  Los anunciantes apuestan por llegar al corazón de sus clientes y potenciales y saben que este deporte es un gran escaparate para sus marcas.

La asociación deporte- marca no es novedosa pero sigue aún siendo válida, ya que aporta visibilidad y reputación de marca. Ofrece una experiencia –contenido– y crea conexión de una forma discreta, no intrusiva y a la vez aporta diferenciación y valor. ¿Qué más podemos pedir? Un buen lugar en el palmarés.

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