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Espacio de Content

En 2016, más de 3.700 millones de personas hicieron uso de Internet. De ellas, alrededor de 2.800 millones fueron usuarios activos de redes sociales. En esta era que nos toca vivir, el compartir, consumir y crear contenido es un comportamiento que tenemos totalmente interiorizado. En un espacio digital en el que el contenido creado por el usuario compite con el de las marcas, acostumbradas, hasta hace no tanto, a ser prácticamente la única voz en Comunicación. 

Este año, la marca automovilística FCA presentó su último modelo de coche en el CES de Las Vegas sin esperar al archifamoso Salón del Automóvil de Detroit. Un hecho que sitúa al coche más como gadget conectado que como medio de transporte. Y que hace que la marca se coloque en un ámbito diferente al que le corresponde por su misión, por lo que vende. No hay industria que escape hoy  del IoT, capaz de transversalizar sectores. Ni mercado que se resista a su influencia. 

Seguro que os acordáis de la campaña con la que hace años una conocida marca de relojes nos planteaba un ‘No es lo que tengo, es lo que soy’. La recupero para reflexionar sobre la transferencia de valor en nuestro sector. Todo intercambio de productos y servicios comienza en la fijación de un precio y acaba en el momento en el que satisfacemos la deuda contraída. ‘Es lo que tengo’.

Espacio de Content

Mi madre siempre me decía que “Las mejores esencias se guardan en frascos pequeños”. Encierra lo pequeño un gran tesoro que debe ser cuidadosamente mimado y atendido. Más allá de grandilocuencias, vivimos de pequeños recuerdos, pequeños instantes que dan luz a lo que somos y que nos definen. Y de esta filosofía bebe el marketing que viene, con el objetivo de focalizarse en los momentos que hacen única la vida de todo ser humano.

La Tecnología le ha cambiado la cara a nuestra industria. Y también nos ha hecho replantearnos o actualizar conceptos básicos. Desde la perspectiva del marketing, tradicionalmente la ‘audiencia útil’ se ha definido como “parte de la audiencia de un soporte que coincide con el público objetivo” o, trasladado a medios impresos, “resultado de restar de los ejemplares distribuidos los no vendidos o devueltos”. Hasta ahora hemos trabajado desde este prisma, adaptándolo en función del contexto. Pero quizás por la propia inercia del desarrollo tecnológico –que avanza más rápidamente que nunca– y su normalización en el día a día de las personas, este concepto corre el riesgo de alejarse del objetivo real.